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Una cabeza privilegiada

Hija del gran economista Jacques Necker, ministro de Luis XVI e importante figura de los inicios de la Revolución francesa, Anne-Louise Germaine Necker nació en París en 1766. Conocida como Madame de Stäel, por el apellido de su primer marido, fue una mujer de amplia cultura y variados intereses que iban desde la política hasta el arte, y una de las féminas más famosa de su tiempo. De ella dijo el crítico Charles Augustin Sainte-Beuve que poseía «una cabeza que todo lo dominaba».

Educada en un ambiente ilustrado, participó desde muy joven en las tertulias que  celebraba su madre en su propia casa, en las que pronto se familiarizó con las ideas de los filósofos franceses del momento, que estaban a la vanguardia de pensamiento europeo. Su gran talento, su fuerte personalidad, su apasionado activismo político y, sobre todo, que estas cualidades se reunieran en una mujer, le valieron la desconfianza de Napoleón Bonaparte, a pesar de que Madame de Stäel fue al principio su admiradora ferviente. Tras distintas vicisitudes, Napoleón ordenó su destierro de París en 1803. Durante su alejamiento de la capital francesa escribió las memorias que ahora publica Penguin Clásicos, Diez años de destierro, un retrato inteligente, sincero y crítico de los avatares sociales, políticos y militares de Europa durante los años de apogeo del imperio napoleónico.

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Su primera obra, Carta sobre el carácter y las obras de Jean-Jacques Rousseau, escrita con apenas 22 años de edad, fue considerada por Sainte-Beuve como todo un himno plagado de reflexiones profundas y agudas observaciones, en el que se anuncian las cualidades de sus obras futuras «como una grande obra musical se adivina entera al escuchar el preludio».

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Además de diferentes ensayos de carácter histórico y artístico, Madame de Stäel escribió dos novelas, Delphine (1802) y Corinne (1807), que la sitúan como adelantada del Romanticismo en literatura y como una audaz defensora de la libertad de la mujer para ejercer su voluntad en el terreno sentimental. Entre otras figuras prominentes de la cultura y el pensamiento de su tiempo, conoció a Goethe, a Schiller, y mantuvo una prolongada relación sentimental con el filósofo, escritor y político Benjamin Constant.

Marian Montesdeoca

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