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Tres hombres y dos retratos

En abril de 1798, Francisco de Goya retrató a Gaspar Melchor de Jovellanos, quien en ese momento era ministro de Gracia y Justicia del gobierno español. Quince años antes, el genio aragonés había realizado el retrato de otro prohombre de la política  hispana, el Conde de Floridablanca, cuando este desempeñaba el cargo de Secretario del Despacho de Estado, puesto equivalente al de ministro de asuntos exteriores. Los historiadores del arte han señalado las diferencias entre ambos retratos como indicadoras del itinerario por el que discurre la carrera artística de Goya y su evolución hacia una paulatina liberación de la ortodoxia, tanto formal como temática. Mientras Floridablanca es representado con todos los atributos de su poder, con su indumentaria de gala y en una actitud solemne y autoritaria, Jovellanos aparece en una pose natural, sin peluca ni insignias, adoptando una actitud cotidiana y con una expresión que los críticos suelen coincidir en calificar como melancólica. En este segundo retrato, Goya parece más preocupado por mostrar las cualidades humanas y los rasgos psicológicos del personaje que en subrayar el estatus social del mismo.

Goya-Jovellanos                             Goya-Floridablanca

Sin embargo, a las diferencias entre ambos retratos, perspicazmente señaladas por los estudiosos del arte, debe añadirse una causa que no deriva de las personales motivaciones de Goya sino de las características propias de cada personaje. Aunque ambos fueron hombres de leyes, Floridablanca centró su vida en sus ambiciones políticas, ocupando importantes cargos desde muy joven y evolucionando desde el reformismo ilustrado hasta la reacción furibunda y conservadora contra la Revolución francesa. Jovellanos, por su parte, ocupó el ministerio de Justicia solo durante nueve meses y renunció debido a la imposibilidad de llevar a cabo las reformas que creía necesarias desde su visión de intelectual ilustrado. Así, estamos ante dos hombres de cariz muy diferente, el político y el intelectual, el interesado en el ejercicio práctico del poder y el que se preocupa por el progreso general del país desde una perspectiva global, el que luce con orgullo sus medallas y el que no se interesa por ellas. Y Goya representó magistralmente en ambos esas inclinaciones de sus personalidades.Goya-por-Goya

Otro aspecto que establece diferencias entre las dos obras es la distinta relación personal entre el pintor y su modelo. En el retrato de Floridablanca, Goya se autoretrata en el lateral izquierdo del cuadro como una figura pequeña —en comparación con el protagonista—, en penumbra y en actitud sumisa. De esta manera, el pintor nos ofrece la clave del tipo de relación que hay entre ambos, una relación establecida jerárquicamente. En cambio, la actitud natural, de ligero abandono de Jovellanos en su retrato manifiesta la confianza con la que se sitúa ante el pintor, la complicidad de dos viejos amigos.

Tanto Goya como Jovellanos fueron en su tiempo dos hombres que estaban a la vanguardia del pensamiento y del arte, dos hombres que lograron el reconocimiento de sus contemporáneos pero cuyo carácter independiente y amor por la libertad los llevó a sufrir en algún momento de sus vidas el ostracismo, la crítica oficial o incluso la cárcel en el caso de Jovellanos. Y, ¿quién hubo de ordenar el largo encierro de siete años que padeció? Quizás el lector ya sepa la respuesta…

Ulises Ramos

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