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Tolstói y la política

En estos tiempos tan «políticos» no viene mal echar un vistazo a los clásicos. A continuación reproducimos un jugoso fragmento de Anna Karénina, de Lev Tolstói, en el que el maestro ruso hace un agudo análisis sobre las motivaciones humanas para optar por tal o cual tendencia política.

Karenina                                   Tolstoi

«Stepán Arkádich leía un periódico liberal, no extremista, sino de una tendencia política a la que pertenecía la mayoría. Y, a pesar de que en realidad no le interesaban la ciencia, el arte ni la política, sostenía firmemente las mismas opiniones que la mayoría y el periódico, cambiando de ideas solo cuando lo hacían todos o, mejor dicho, no las cambiaba, sino que estas se transformaban imperceptiblemente por sí mismas.

»Stepán Arkádich no elegía las tendencias ni los puntos de vista, sino que estos venían a él, exactamente lo mismo que la forma del sombrero y la de la levita: llevaba lo que estaba de moda. Por pertenecer a cierta esfera social y debido a la necesidad de actividad mental —que suele desarrollarse en la edad madura—, le era tan imprescindible poseer puntos de vista propios como llevar sombrero.

»El motivo para preferir la tendencia liberal a la conservadora, a la que pertenecían también muchas personas de su esfera, no era la creencia de que la tendencia liberal fuera más sensata, sino más afin con su manera de vivir. El partido liberal opinaba que en Rusia todo iba mal, y, en efecto, Stepán Arkádich tenía muchas deudas y decididamente no le alcanzaba el dinero. Según el partido liberal, el matrimonio era una institución caduca y era imprescindible reformarla, y, en realidad, la vida familiar le proporcionaba pocos placeres a Stepán Arkádich, obligándole a mentir y a disimular, lo cual era contrario a su naturaleza. El partido liberal decía, o, mejor dicho, daba a entender, que la religión era un freno para la parte inculta de la población, y, en efecto, Oblonski no podía resistir, sin notar dolor en los pies, la ceremonia religiosa más corta, ni lograba entender de qué servían todas esas palabras terribles y enfáticas acerca del otro mundo, cuando se podía vivir muy a gusto en este. Al mismo tiempo, como le gustaban las bromas divertidas, a veces desconcertaba a algún hombre tranquilo, diciendo que si uno se vanagloria de la raza, no hay por qué detenerse en Riúrik y renegar del mono, el antepasado más antiguo. Así pues, la tendencia liberal se hizo una costumbre de Stepán Arkádich y apreciaba su periódico lo mismo que el cigarro después de comer, por la ligera niebla que le producía en la cabeza…»

http://www.megustaleer.com/libro/anna-karenina/ES0133228

Ulises Ramos

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