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WILDE DE PROFUNDIS

Sebastian Melmoth

Sebastian Melmoth erró por las calles de París durante sus últimos años de vida, antes de morir en el Hôtel d’Alsace, en el número 13 de la Rue des Beaux Arts. Se lo llevó de este mundo una meningitis y la tristeza de su derrota. ¿Cómo iba a admitir su desmesurado ego de escritor exitoso aquella existencia anónima de escritor proscrito en su país? Las rígidas mentalidades de la Inglaterra victoriana tomaron venganza de su osadía altiva, de su despiadada e inteligente crítica, cuando fue juzgado y condenado por sodomía. Aquellos no eran tiempos para la libertad sexual ni de conciencia, y Sebastian lo pagó muy caro, con la cárcel, con la prohibición de ver a sus hijos, con el destierro voluntario y hasta con el ocultamiento de su propio nombre.

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Tras su muerte, Rubén Darío escribió:

Un hombre acaba de morir, un verdadero y grande poeta, que pasó los últimos años de su existencia, cortada de repente, en el dolor, en la afrenta, y que ha querido irse del mundo al estar a las puertas de la miseria. Este hombre, este poeta, dotado de maravillosos dones de arte, ha tenido en su corta vida sobre la tierra los mayores triunfos que un artista pueda desear, y las más horribles desgracias que un espíritu puede resistir.

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Solo la muerte podía liberar a Sebastian Melmoth de la profunda humillación que su propia intemperancia le hizo a la postre sufrir. Pero hasta el final se creyó un genio, un ser dotado de las más altas cualidades vapuleado por la incomprensión de una sociedad a la que quiso cambiar y a la que creyó transformar. Nada fue suficiente. Sebastian Melmoth solo pudo recuperar su fama literaria bajo la tumba parisina en cuya lápida, ahora sí, volvió a brotar su nombre: Oscar Wilde.

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http://www.megustaleer.com/search_texto.php?texto=wilde

Ulises Ramos

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