0 COMMENTS
11 Montaigne portada

Montaigne: diálogo con los clásicos

En 1571, tras un accidente montando a caballo, Michel de Montaigne abandonó su posición como magistrado en Burdeos para retirarse a su castillo a escribir. Este es el inicio, casi novelesco, de una obra capital de la cultura occidental que Penguin Clásicos publicó en noviembre de 2016 con la edición de Gonzalo Torné, de cuya introducción os ofrecemos sus primeros párrafos:

EL ENSAYO DE SU TIEMPO

A determinada distancia cualquier obra literaria parece fruto del azar: el de una vocación, el de la oportunidad, el que se deriva de las circunstancias históricas, el azar del propio nacimiento. Cuando examinamos de más cerca las vidas de los escritores el azar se reduce y enseguida se aprecia el esfuerzo de la voluntad: los años de lucha que invirtieron para dominar sus intuiciones juveniles en una obra propia. Al fin y al cabo se necesitan varios Enrique IV para formar a un Shakespeare.

Montaigne constituye una excepción a este segundo supuesto. Si atendemos a la primera mitad de su vida (en la que según los biógrafos de la escuela romántica se plantan las semillas de todo gran personaje) descubriremos que hizo cuanto estuvo en su mano para evitar el encontronazo con su propia obra.

michel-de-montaigne

Michel Eyquem, que se convirtió en señor de Montaigne tras la muerte de su padre, nació en 1533. Su carrera pública empezaría a los veintiún años como consejero en La Cour des Aides. En 1571 (cuando apenas le quedaban veinte años de vida) intentó retirarse de la vida pública, pero las guerras religiosas que asolaron literalmente Francia echaron por la borda sus planes. Montaigne se multiplicó en tareas diplomáticas y cosechó una fama de hombre juicioso que le valió para ser elegido alcalde de Burdeos, cargo que mantuvo hasta 1585.

Durante el desempeño de estos servicios públicos Montaigne se apoyó en los conocimientos de derecho que adquirió en la Universidad de Toulouse. Pero disfrutaba también de una sólida formación en los clásicos griegos y latinos, adquirida primero en casa, con el método pedagógico de su propio padre, y después en una escuela de la actual Aquitania, saberes que le valieron para mantener vivo un interés secundario por las letras. En Burdeos conoció a Étienne de la Boétie, irregular cultivador de versos e individuo filosofan a ratos perdidos, que ha pasado a la historia como humanista gracias a la devota amistad y al generalísimo juicio de Montaigne. Tras la temprana muerte de La Boétie, Montaigne se propuso compilar, editar y dar publicidad a las «obras» de su amigo, a quien nunca olvidó, y cuya presencia gravita en los Ensayos como una suerte de interlocutor fantasma…

https://www.megustaleer.com/libros/ensayos/MES-053095

Ulises Ramos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *