Madame Bovary, una historia de provincias

2 Posted by - septiembre 23, 2018 - Por qué leer

Madame Bovary, la novela más conocida de Gustav Flaubert, está considerada como una de las grandes obras de la literatura universal. No necesita demasiadas presentaciones. Sin embargo, os ofrecemos a continuación la interesante “Nota de la traducción” de nuestra edición en español, realizada por Mauro Armiño, en la que ilustra las vicisitudes por las que tuvo que pasar el libro antes de ser publicado.

gustave-flaubert

«No le resultó fácil a Gustave Flaubert sacar a flote el texto de Madame Bovary, que, a pesar de admitir censuras de amigos y de la revista en que apareció por vez primera en folletín, terminaría llevándole ante el tribunal correccional de París, acusado, junto a Laurent Pichat, coeditor de la Revue de Paris, ‘de ultraje a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres’. Tras cinco años de trabajo (1851-1856), el manuscrito final –unos 500 folios de los 4.500 que redactó– fue leído por dos amigos íntimos del novelista, Maxime Du Camp y Louis Bouilhet. Sobre todo el primero, codirector de la Revue de París, sugirió, como amigo primero y como editor después, cortes de todo tipo, unos de carácter estético, otros, los más, debidos a una censura que pretendía acomodarse a las convenciones burguesas de la época; en un primer momento, Flaubert, navegando entre la censura y la autocensura, llega a eliminar una treintena de páginas; cuando la Revue de Paris le pase el texto preparado para la imprenta, encontrará nuevos ‘cortes indispensables’, setenta fragmentos eliminados o ‘revisados’, de los que han desaparecido palabras tabú, adulterio, concupiscencia, concubina, etc. Flaubert se rebela y exige la aparición de su texto completo. Aceptan Du Camp y Pichat, y así empiezan a publicarlo el 1 de octubre de 1856; las entregas aparecerán los días 1 y 15 de ese mes y los siguientes de noviembre y diciembre. Al llegar a la primera de este mes, Du Camp exige inexorablemente la amputación de una escena entera: ‘Tu escena del coche de alquiler es imposible, no para nosotros que nos importa un bledo, ni para mí que firmo el número, sino para la policía correccional que nos condenaría rotundamente'; miedo, por otra parte, fundado: de ideología republicana bajo el II Imperio dirigido por Napoleón III, tras un golpe de Estado que había acabado con la Segunda República el 2 de diciembre de 1852, la Revue de Paris ya había sido objeto de dos advertencias policiales; y terminó siendo prohibida en 1858.

Madame-Bovary_1857_260

»Flaubert hubo de ceder, y los editores aprovecharon para sugerir el corte de tres pasajes más en la última entrega del 15 de diciembre. Tras haber pensado en llevar ante los tribunales a sus editores por abuso de poder y falta a la palabra dada, llegó a un pacto que le permitió añadir una nota de protesta, en la que se revuelve contra las supresiones hechas en nombre de la moral; esa nota fue la que llamó, al parecer, la atención de los servicios de censura. Los temores de la Revue de Paris no tardan en cumplirse; el 27 de diciembre Du Camp le comunica que han sido denunciados y deberán comparecer ante los tribunales en enero-febrero de 1857. Pese al brillante alegato de hora y media del fiscal imperial Ernest Pinard, Flaubert será absuelto; no tendrá la misma suerte Charles Baudelaire, contra quien Pinard logrará meses más tarde, el 27 de agosto, una sentencia condenatoria por su poemario Las flores del mal, denunciado por el mismo delito, ‘ofensa a la moral religiosa’ y ‘ultraje a las buenas costumbres’.

»Para la edición en libro, Flaubert recuperó parte de los cortes sugeridos por Du Camp y de los impuestos por la Revue de Paris. Aun así, no será esa edición de 1857 la considerada definitiva por el autor, sino la editada por Charpentier en 1873, que añadía el alegato de la acusación, la defensa y la sentencia del proceso. Esta es la que hemos seguido para la traducción, acompañándola de cuatro ilustraciones con los tachones censorios y un dibujo que el propio Flaubert hace del pueblo imaginario de Yonville, donde transcurre la mayor parte de la novela. Anoto, por lo demás, términos y referencias a personajes, objetos o momentos históricos de la época, hoy olvidados, e insinúo parte del humor burlón con que Flaubert contempla usos sociales del momento, un romanticismo ya manido como es el que anima y condena a un tiempo la irrisoria aventura amorosa de Emma Bovary, desde el tópico del viaje a Italia hasta los tipos de bebidas, telas, etc., remitiéndome a la definición que de esas trivialidades –aquí descritas con seriedad de novela realista– da Flaubert en su Dictionnaire des idées reçues. Lo hago levemente, para no recargar este tipo de notas con las apostillas sarcásticas que el autor pone a las vulgaridades impuestas en su tiempo.»

Mauro Armiño

https://www.megustaleer.com/libros/madame-bovary/MES-048277