La dama de las camelias

3 Posted by - mayo 25, 2017 - Novedades

Os ofrecemos el principio de La dama de las camelias, de Alexandre Dumas hijo, una de las novelas más populares de todos los tiempos:

LaDamaDeLasCamelias Greta Garbo

«Soy de la opinión de que solo es posible crear personajes cuando se ha estudiado en profundidad a los hombres, del mismo modo que solo puede hablarse una lengua si previamente se ha dedicado mucho tiempo a aprenderla.

»Como todavía no tengo edad par inventar, me limito a relatar.

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»Así, espero que el lector no ponga en duda que esta historia es real, y que todos los personajes, a excepción de la protagonista, están todavía vivos.

»Por lo demás, en París hay testigos de casi todos los hechos que recojo en estas páginas, testigos que podrían confirmarlos en el caso de que no bastara mi testimonio. Las circunstancias han querido que solo yo haya podido ponerlos por escrito, ya que fui el único confidente de los últimos detalles de la historia, y sin ellos habría sido imposible elaborar un relato interesante y completo.

»Veamos cómo esos detalles llegaron a mi conocimiento.

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»El 12 de marzo de 1847 vi en la calle Laffitte un gran cartel amarillo que anunciaba una subasta de muebles y de objetos curiosos de gran valor. La subasta era consecuencia de un fallecimiento. En el cartel no aparecía el nombre de la persona que había muerto, aunque decía que la subasta tendría lugar el día 16 en la calle Antin, número 9, de doce del mediodía a cinco de la tarde.

»El cartel decía también que los días 13 y 14 se podría ir a la vivienda para ver los muebles.

»Siempre me han interesado las curiosidades, de modo que me prometí no perder la ocasión, si no de comprar algo, al menos de echar un vistazo.

»Al día siguiente me dirigí a la calle Antin, número 9.

»Aunque era temprano, en el piso había ya gente, y no solo hombres, sino también mujeres vestidas de terciopelo, envueltas en chales de cachemira y con elegantes cupés esperándolas a la puerta que observaban con asombro, incluso con admiración, el lujo desplegado ante sus ojos.

»Algo después comprendí esa admiración y ese asombro, porque en cuanto empecé también yo a echar un vistazo, no tardé en darme cuenta de que me encontraba en la casa de una mantenida. Y si hay algo que las mujeres de la alta sociedad desean ver, y allí había mujeres de la alta sociedad, son las casas de esas mujeres con cuyos carruajes se cruzan a diario, que, como ellas, tienen un palco en la Opéra y en el Théâtre des Italiens, y que exhiben en París la insolente opulencia de su belleza, sus joyas y sus escándalos.»

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