Jane Austen, entre la energía y la razón

6 Posted by - enero 3, 2018 - Autores

Doscientos años después de su fallecimiento, Jane Austen continúa siendo una autora muy leída, seguida e idolatrada por sus lectores. Sin embargo, su obra no ha estado exenta de controversia, en gran medida por haber sido producida en un momento de transición cultural y artística en Occidente. Lo explica con lucidez Tony Tanner en su prólogo de 1972 que completa nuestra edición de Orgullo y prejuicio:

Orgullo y prejuicio Austen portada

«Jane Austen se educó en el pensamiento del siglo XVIII y se mantuvo esencialmente fiel al respeto de los límites, la definición y las ideas claras que éste inculcó. Sin embargo, entre algunos de los escritores que publicaron obras el mismo año que apareció Orgullo y prejuicio se encuentran Byron, Coleridge, Scott y Shelley; las Baladas líricas ya tenían más de una década, y Keats publicaría cuatro años después. Jane Austen escribió en una época en la que se estaba produciendo un cambio fundamental en la sensibilidad, y en la que los cambios sociales estaban sucediendo o eran inminentes, y hasta cierto punto fue consciente de ello. Ya había descrito al menos a una romántica incipiente en el personaje de Marianne Dashwood, de Sentido y sensibilidad, y lo había hecho con una ambigua mezcla de comprensión y sátira. En la figura de Elizabeth Bennet muestra energía en su intento de encontrar una forma válida de existencia dentro de la sociedad. Una cita más, en esta ocasión de Blake, me permitirá concluir la cuestión que intento exponer. En El matrimonio del cielo y el infierno, Blake escribe: “La energía es la única vida, y procede del cuerpo; y la Razón es el límite o circunferencia de la energía. Energía, delicia eterna”. Como he dicho, creo que el recelo de Jane Austen hacia la energía se intensificó en su obra posterior. Sin embargo, en Orgullo y prejuicio nos ofrece la unión de la energía y la razón, no tanto como conciliación de lo contrario, sino como matrimonio de lo complementario. Hace parecer posible que la desenvoltura y lo que está siempre justificado –la energía y los límites– se unan en provechosa armonía, sin el sometimiento del uno al otro. Como el hecho de enfatizar una u otra característica podría conllevar una pérdida, tanto para uno mismo como para la sociedad, el retrato de la armonía alcanzada entre ellos que ofrece Orgullo y prejuicio tiene una relevancia perenne. Tal vez no sea de extrañar que haya demostrado ser capaz de proporcionar delicia eterna.

»Tony Tanner, 1972»

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