Hombres como fieras

3 Posted by - octubre 29, 2017 - Novedades

Se acerca la fiesta de los difuntos, Halloween, de todos los santos o como cada uno quiera denominarla. De cualquier manera, la muerte es la protagonista de estos días y de buena parte de la literatura de miedo. En “La fiera emergente”, texto introductorio a nuestra antología de relatos de hombres-lobo, Juan Antonio Molina Foix analiza uno de los subgéneros de este tipo de literatura, las historias de hombres y mujeres que se transforman en bestias. Os dejamos aquí unos fragmentos de este interesante texto:

«La creencia en las transformaciones de hombres y mujeres en animales se pierde, en efecto, en la noche de los tiempos. El Antiguo Testamento menciona la extraña metamorfosis que experimentó el rey de Babilonia Nabucodonosor como consecuencia de una maldición divina: expulsado de entre los hombres, los cabellos le crecieron como plumas de águila y las uñas como garras de ave, le brotó pelo de animal y solo comía hierba como los bueyes (véase la célebre representación que hizo de él William Blake andando a cuatro patas). Y en la Grecia clásica eran muy corrientes las metamorfosis (…) en animales de todas las especies: aves sobre todo, pero también reptiles o anfibios (serpiente o rana) e insectos (abeja u hormiga), aparte de mamíferos domésticos (cerdo, vaca, caballo, oveja, perro) o salvajes (jabalí, lince, toro, oso). Bien conocido es el caso de los amigos de Ulises que Circe convierte en cerdos y otros animales diversos, según la tendencia profunda del carácter y la naturaleza de cada uno, o la transformación de Lucio en asno por error (se equivoca de ungüento cuando lo que pretendía era volar) que cuenta Apuleyo en El asno de oro.

Nabucodonosor de Blake Nabucodonosor II, por William Blake

»Herodoto menciona las transformaciones en lobos de los neuros, habitantes de una región de Escrita, una vez al año y solo durante unos días. Plinio el Viejo recoge una cita de Scopas, biógrafo de los atletas olímpicos, acerca de los sacrificios humanos celebrados en Arcadia en honor de Zeus Licio: los asistentes “comulgaban” devorando las entrañas de las víctimas y se transformaban en lobo, conservando esa forma durante ocho años si en todo ese tiempo no comían carne humana. En relación con esta misma práctica, la mitología griega refiere que el propio padre de los dioses convirtió en lobo a Licaón, el héroe arcadio hijo de Pelasgo, por sacrificar a un niño y servírselo en un banquete para poner a prueba su divinidad. De este mismo Licaón, cuya “vestidura en pelos se convierte, y los brazos en piernas” según Ovidio, procede la palabra licantropía. Pero no fue el único caso del que ha quedado constancia. Virgilio menciona asimismo al hechicero Meris, que se convertía en lobo mediante las “hierbas y venenos cogidos en el Ponto”.
»Por su parte los romanos utilizaron el término versipellis (piel vuelta: se suponía que el pelo les crecía hacia dentro), conservándose algunas descripciones de ellos, como la que Petronio incluye en su Satiricón, relatada en el célebre banquete de Trilmación por un viejo amigo del anfitrión, el liberto Niñeros. En ella aparecen por vez primera algunas de las características que posteriormente definirán al hombre-lobo: deshojamiento completo de la ropa antes de la transformación, plenilunio, ferocidad y ataques al ganado, y magia simpática (si el supuesto animal recibe una herida, esta persiste cuando recupera su forma humana, como comprueba el atemorizado esclavo, confirmando así que su joven amigo soldado, a quien había visto convertirse en lobo la noche anterior, se trataba de la misma fiera que irrumpió en el corral de su amante y fue herida en la frente).
»[…] ¿Por qué acabó el lobo imponiéndose como el paradigma de estas mutaciones fantásticas?»

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