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Grandes esperanzas portada

Grandes esperanzas, gran literatura

Descarnada descripción de la orfandad y del despertar a la conciencia de la vida propia en el principio de Grandes esperanzas, —http://www.megustaleer.com/libro/grandes-esperanzas/ES0082212— la última gran novela de Charles Dickens:

«[…] Afirmo que el apellido de mi padre era Pirrip basándome en el hecho de que así consta en la losa de su sepulcro así como en la de mi hermana, Mrs. Gargery, quien contrajo matrimonio con el herrero. La circunstancia de no haber conocido a mi padre ni a mi madre, ni haber visto nunca retrato alguno de ellos (pues vivieron en una época muy anterior a la invención de la fotografía), me indujo, desatinadamente, a forjar mis primeras suposiciones acerca de cómo debía de ser la figura de mis difuntos progenitores, buscando su posible apariencia, no sé por qué, en la lápida de su tumba. La forma de las letras de la inscripción mortuoria de mi difunto padre me inspiró la extraña idea de que este debió de ser un hombre robusto, cuadrado, moreno, con cabello negro y rizado. De los caracteres y estilo de la inscripción —“Y Georgiana, esposa del anteriormente mencionado”— deduje puerilmente que mi madre tenía lunares en el rostro y una naturaleza enfermiza. A las cinco pequeñas losas, de medio metro de longitud cada una, alineadas al lado del sepulcro de mis padres y consagradas a la memoria de mis cinco hermanitos (que muy prematuramente abandonaron la lucha por la vida) debo la creencia, que conservé religiosamente, de que nacieron tumbados de espaldas con las manos en los bolsillos, de los que nunca las sacaron mientras estuvieron en este mundo. Retrato Dickens

»La región donde vivíamos, cruzada por un río y a unos treinta kilómetros del mar, estaba llena de pantanos. Creo que mi primera impresión clara de las cosas la tuve en un atardecer tan desapacible como inolvidable. Fue en esa ocasión cuando me convencí de que aquel terreno yermo cubierto de ortigas era el cementerio; de que Philip Pirrip, de esta parroquia y también Georgiana, esposa del antedicho, estaban muertos y enterrados; de que Alexander, Bartholomew, Abraham, Tobias y Roger, hijos menores de los mencionados cónyuges, habían igualmente fallecido y estaban también allí enterrados; de que la llanura árida y sombría que se extendía al otro lado del camposanto, cruzada aquí y allí por diques, zanjas y barreras, y donde se veía algún rebaño paciendo, eran los pantanos; de que el cubil salvaje y lejano de donde salía el furioso rugido del viento, era el mar; y de que el cuerpo menudo, estremecido por continuos escalofríos, que se asustaba ante todo aquello y se echaba a llorar, era Pip.»

Ulises Ramos

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