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Galdós y Dickens (segunda parte)

Hoy traemos a este blog la segunda parte de la introducción que escribió Galdós a su traducción de Los papeles póstumos del Club Pickwick:

«La novela que hoy principia a publicarse en el folletín de nuestro periódico es una de las primeras que escribió Dickens. Desde la publicación del Pickwick comenzó su popularidad, grande y creciente desde entonces. Es una obra que respira juventud y vehemencia, no impericia ni falta de mundo. En ella apareció el gran escritor formado ya y dueño de su genio, dominador de su imaginación y de su estilo; al mismo tiempo, ¡qué riqueza de descripción, qué exuberancia de movimiento, de color! ¡Qué brillantes tonos en la pintura de los tipos! Su plan es el mismo de Gil Blas de Santillana y de casi todas las novelas españolas del siglo xvii, es decir, un personaje estable, protagonista de todos los incidentes de la obra, un actor que toma parte en una larga serie de escenas, que no se relacionan unas con otras más que por el héroe que en todas toma parte. Esta clase de planes son admirables cuando se quiere pintar una sociedad, una nacionalidad entera, en una época indeterminada.

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»El protagonista recorre toda la escala social interviniendo, siempre el mismo, en una serie de acciones subordinadas; la escena cambia a cada momento, cambiando también todos los actores secundarios o accidentales; y van éstos desapareciendo ante el principal, que continúa en todo lo largo de la narración siendo víctima o héroe, mero espectador unas veces, confidente otras; sirviendo de término de comparación, de elemento estable e idéntico, propio para dar unidad a la obra.

»Pero aquí no es un criado que, acomodado nuevamente con amos de todas las clases sociales y de todos los caracteres imaginables, va presentando en su relato cuadros muy diversos, opuestos y encontrados casi siempre; en la obra de Dickens aparece un tal Mr. Samuel Pickwick, que ha fundado una sociedad antropológica, que tiene por objeto hacer investigaciones sobre el hombre en general y el hombre inglés en particular. La sociedad decreta en una de sus sesiones más acaloradas que es necesario emprender una activa exploración para lograr el ideal científico que se proponen. El mismo presidente Pickwick se encarga de dirigir la expedición, y he aquí que nuestro filósofo, acompañado de tres colegas, miembros del club, se pone en camino decidido a estudiar las costumbres del pueblo inglés. Los cuatro van pertrechados con enormes carteras que bastan apenas a contener la inmensa copia de apuntes, datos y observaciones que se les ofrecen en el viaje. De esta manera van de pueblo en pueblo cuatro amigos, y a cada paso se les ofrece una escena original, ya una ceremonia pública sumamente estrambótica, ya un círculo doméstico de lo más original que pueda darse, tan pronto una elección de miembros del Parlamento en un pueblo de siete mil almas como una función dramática en un teatro de clowns y titiriteros.

»Todas las escenas son animadísimas, de alto cómico, como dirían los franceses, llenas de colorido y vivacidad. Con la acción ordinaria se encuentran enlazadas de trecho en trecho algunas historietas patéticas del género de Edgard Poe, contadas por un personaje o leídas en un viejo manuscrito; pero estas historietas están enteramente segregadas de la narración principal, como el Curioso impertinente en el Quijote.

»La gran belleza de la obra consiste en el carácter de Mr. Pickwick, en quien contrastan la gravedad de su misión, la entonación pomposa de sus palabras y la importancia y solemnidad que da a los asuntos más triviales, con lo vulgar de su entendimiento y el papel ridículo que se ve obligado a desempeñar algunas veces a causa de su filantropía vehemente, de su benevolencia extraordinaria. Aparece como un sabio, presidente de una sociedad de sabios; pero en realidad es lo que llamamos nosotros un buen señor, un pobre hombre, si bien esto no es enteramente incompatible con la sabiduría.»

http://www.megustaleer.com/libro/los-papeles-postumos-del-club-pickwick/ES0072355

Ulises Ramos

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