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Flaubert Forever

Más allá de cualquier escuela y movimiento, totalmente imbuido de sus superpoderes: hipersensibilidad psicosensorial y perseverancia máxima, Gustave Flaubert, normando canónico, hijo de familia amantísima, enemigo de lo efímero, se convierte él mismo en escuela y paradigma.

Muchos lo conocimos en la película de 1949, encarnando el autor comprometido con su protagonista, pronunciando su archifamoso «Madame Bovary c’est moi» y ganando la merecidísima popularidad que se le resistía hasta entonces.

Pero llegar hasta ese punto no le resultó nada fácil. La vida parecía ser un oficio para el que carecía de talento. La prematura muerte de sus seres queridos (padre y hermana), los amores irrealizables y una sensualidad desaforada, mantienen a Flaubert en un estado de contínua irritación. A pesar de todo, o como protección sobre las circunstancias, lee fervorosamente todo  lo que le cae entre manos: a Sade, a Rosseau, toda la literatura romántica y todo el nuevo realismo.

En 1846 fija su residencia en Croisset como un monje de clausura dispuesto a realizar un solitario ejercicio de escritura. Después de muchos intentos y una primera versión imposible de Las tentaciones de San Antonio, todavía joven e incapaz para tal empresa, sigue  los consejos de de su amigo Maxime Du Camp y se dispone a escribir “un libro sobre nada, un libro sin atadura exterior, que se mantendría a sí mismo debido sólo a la fuerza de su estilo (…) un libro que apenas tuviera tema…” como le dice en la carta a Louise Colet en la carta probablemente más citada de la historia de la literatura.

El proverbial trabajo de Flaubert con Madame Bovary. Costumbres de provincias (título original) se convierte en la brújula de todos los reescritores sufridores y perfeccionistas.

Nada menos que cinco años de ardua escritura y 2.500 páginas de borradores borran de un plumazo el concepto de escritura como hobby u ocio.

Flaubert, lejos de buscar el éxito económico o el reconomiciento, entiende la escritura, el arte, como la única tabla de salvación existencial.

Madame Bovary

Madame Bovary

El éxito hace que Flaubert socialice: nuevos romances, relaciones sociales y mundanidad le dan energía para emprender la segunda versión de La tentación, su otrora obra imposible.

Entre 1857 y 1862 se dedica a Salambó a la manera de los escritores contemporáneos. Viaja, estudia, lee sin parar para escribir una obra deslumbrante y exagerada. El público recibe la novela histórica con una ovación cerrada, la crítica es reticente.

Salambó

En 1869 aparece, con poco éxito inicial, La Educación sentimental. La obra se ha convertido en su obra cumbre según los especialistas. Cúspide del realismo objetivo y total, modelo de composición, perfecta como una sinfonía.

En 1881, incompleta y póstumamente publicada, Bouvard Y Pécuchet representa el máximo exponente de la novela dedicada a la vulgaridad y tontería contemporáneas. Divertidísima y erudita sátira que critica la fe ciega en la técnica y la ciencia.

Parece que Flaubert, tal vez el menos efímero de los escritores, ganó la partida a la desintegración total y ganó su lugar de honor en la posteridad.

Una confesión final: si tuvieramos que elegir un tatuaje literario para inaugurarnos la piel, lo elegiríamos a él.

Carlos

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