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ENTREVISTAS PENGUIN CLÁSICOS: ANDREU JAUME

Andreu Jaume (Palma, 1977) es editor y crítico literario. Ha escrito sobre la obra de T. S. Eliot, W. H. Auden o Jaime Gil de Biedma. Es el editor de la primera edición de la Obra completa de Christopher Marlowe en Penguin Clásicos. Es asimismo responsable de la edición de cinco volúmenes de la Obra completa de Shakespeare publicada por Debolsillo entre 2012 y 2013. Es director del Invisible College, Barcelona.

 

 

Obra completa de Marlowe

Obra completa de Marlowe

¿Qué representa para ti la edición de este Marlowe? ¿Qué representa para sus nuevos lectores?

Esta edición ha supuesto un verdadero reto para mí, además de una oportunidad de estudiar a fondo a un autor fascinante por el que siempre he sentido una especial debilidad. Creo que no puede entenderse plenamente a Shakespeare sin tener una idea de lo que antes hizo Marlowe. Quienes no le conozcan aún descubrirán a un dramaturgo valiente, que sentó las bases del moderno teatro inglés, con un oído muy fino y una imaginación desbordante. Recomendaría, sobre todo, su Eduardo II y el largo poema Hero y Leandro. Es, además, la primera vez que se publica en castellano la obra completa de Marlowe, con versiones excelentes y métricas de Aliocha Coll y de Andrés Ehrenhaus.

¿Sabemos cómo ha sido la recepción de Marlowe en los siglos pasados?

El prestigio de Marlowe (y en general del teatro isabelino) se eclipsó a lo largo del siglo XVII, debido al auge del puritanismo. En el XVIII se llevó a cabo una relectura muy seria de Shakespeare, pero Marlowe no volvió a ser apreciado hasta el romanticismo. Los victorianos, especialmente Oscar Wilde y Bram Stoker, también lo reivindicaron. Y en el siglo XX, T. S. Eliot estudió su prosodia y Bertolt Brecht hizo su particular versión del Eduardo II. Seamus Heaney, entre los poetas más recientes, le ha dedicado un inteligente ensayo. Es un autor que se ha sentido muy cómodo en el siglo XX.

¿Cómo viajó a otras tradiciones? ¿Qué nos puedes decir del legado clásico del que bebe? ¿Realmente se observa una diferencia entre la obra de Marlowe y la del “lego” Shakespeare?

No conozco con detalle la influencia de Marlowe en otras tradiciones, más allá del caso de Brecht que antes mencionaba. Esa versión de Eduardo II, por cierto, fue traducida al castellano por Jaime Gil de Biedma, una versión ejemplar, por la destreza con que maneja el verso irregular. En cuanto al legado clásico, Marlowe, como todos los poetas de su generación, estaba empapado de literatura latina, sobre todo de Ovidio, de Lucrecio, de Séneca. Hizo versiones muy libres pero brillantes de Ovidio y de Lucano. A diferencia de Shakespeare, que no cursó estudios superiores, Marlowe fue un orgulloso universitario cantabrigense. Su erudición es muy evidente en su obra. Le encantaba exhibirla.

Se ha popularizado la idea de un Marlowe mítico como una especie de mezcla perfecta entre un James Bond del XVI y un genial Rimbaud, miembro de grupos heréticos. ¿Qué hay de cierto en eso?

De la vida de Marlowe tenemos muy pocos datos comprobables. Casi todo son hipótesis, pero parece que trabajó al servicio de Sir Francis Walsingham, ministro de Isabel I y director de los servicios secretos. Estuvo envuelto en la guerra entre católicos y protestantes y vivió un clima de suspicacia muy parecido al que protagonizaron los dobles espías británicos a favor de la URSS, como Kim Philby. Probablemente fue homosexual y un ateo redomado y seguramente murió por ello. Personalmente debía de ser encantador, insoportable, caprichoso y con muy mala lengua. Siempre andaba metiéndose en líos y debía de tener un temperamento irascible. A veces me recuerda a lord Byron. Me encantaría que algún día se descubriera alguna pista de su relación con Shakespeare. Sabemos que se conocieron pero no cómo fue su amistad. Imaginarles hablando es algo muy tentador. Creo que Shakespeare estuvo obsesionado por él durante toda su juventud. Y Marlowe seguramente se puso muy nervioso cuando empezó a detectar el talento en bruto de su indocumentado colega.

¿Son realmente comparables el teatro Isabelino y la nueva ola de series de TV?

A mi juicio no tienen absolutamente nada que ver. Se trata de una comparación espuria, hecha para prestigiar productos que no se sostienen. Marlowe se enfrentó a todas las ideas recibidas de su tiempo y yo no veo nada de eso en las series. Y no puedo imaginarme nada más insoportable que leer una serie.

Marlowe fue hijo de zapatero, Shakespeare de guantero. ¿Qué pasa con los hijos de humildes artesanos en la Inglaterra del XVI?

Son casos distintos: Marlowe pudo cultivarse merced al sistema meritocrático propio de Inglaterra. Gracias a su inteligencia, obtuvo unas becas que le permitieron doctorarse en Cambridge. De ahí, no sabemos muy por qué, saltó al teatro, donde fue el autor más brillante de su generación hasta la irrupción de Shakespeare. Shakespeare, por su parte, fue siempre un hombre de teatro y, aunque hay muchas lagunas entre sus primeros años en Stratford y su llegada a Londres a finales de los años ochenta del XVI, parece que quiso dedicarse enseguida al teatro, como actor y dramaturgo. Marlowe vivió siempre furtivamente, al filo del abismo. En cambio, Shakespeare quiso dignificar su apellido, solicitó un escudo de armas, invirtió en bienes inmuebles y acabó por comprarse la casa más grande de su pueblo. Debía ser un tipo con un extraordinario sentido práctico, algo de lo que Marlowe siempre careció.

¿Puedes contarnos esa maravilla de la relación entre el pentámentro yámbico y el golpear de los martillos?

Es una teoría de Robert Graves, maravillosa como todas las suyas y que suele irritar a los académicos y a los sordos. Según Graves, los cinco acentos que conforman el pentámetro (To bé or nót to bé, thát is the quéstion) tiene su origen en la tradición celta, donde la diosa Brigid protegía a los poetas, los herreros y los médicos, que compartían vínculos sagrados. Uno de sus ritos consistía en golpear alternativamente con dos martillos sobre un yunque, cinco veces, en honor de las cinco estaciones del año celta. Es un cuento, pero mucho más bello y verdadero que tantas especulaciones formalistas.

Carlos

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