0 COMMENTS

El signo de los tiempos

Del viejo conservatorio apenas dejaron nada. Quisieron espantar la música de sus cuatro paredes por una causa pragmática —el signo de los tiempos— y convirtieron aquel vetusto edificio en sede de la soberanía popular. Solo respetaron la prestancia del frontispicio de columnas ciclópeas y el tropical patio de entrada. Las altas estancias donde reverberaban melodías de la mañana a la noche ahora son los asépticos despachos de los representantes del pueblo, y pianos, violines y flautas fueron reemplazados por archivadores y faxes. La antigua sala de conciertos donde los aprendices de intérprete tragaban saliva en su debut ahora es salón de plenos. Es otro el espectáculo y son otros los protagonistas.

Cancionero de Juan del Encina.

Cancionero de Juan del Encina.

Ya no hay pasos apresurados de jóvenes estudiantes que llegan tarde a la clase de armonía, con sus carpetas bajo el brazo cargadas de corcheas y semifusas, de fugas y sonatas, de adagios y allegrettos ma non troppo. La prisa que recorre los pasillos del recinto es diferente, es un ajetreo funcionarial y periodístico que suena a rumor de documentos y a flashes de cámaras digitales. Las nuevas partituras llevan por nombre “Decreto-Ley”, o “Iniciativa parlamentaria”, no hay ni un “Estudio en Sol Mayor” ni un Opus numerado. Y los nervios que inundan la atmósfera de suspiros ya no son los de un examen de solfeo, ahora se dilucidan asuntos más trascendentes entre los ancianos muros restaurados del viejo conservatorio.

En estos tiempos modernos, son de otra clase las voces que se alzan en el gran salón central del edificio, construido originalmente para albergar polifonías. Resuenan las ideas en contrapunto donde antes retumbaban gargantas juveniles, esforzadas en no perder el tono, el tempo y la dicción. Las críticas y las defensas de sus señorías a los presupuestos generales del año en curso sustituyeron para siempre a las canciones del Romancero de Palacio; huyeron los ecos del Siglo de Oro por las estridencias de plexiglás de este siglo XXI. Y está bien, es el signo de los tiempos. Pero aún pueden escucharse, cuando las luces se apagan y el edificio se vacía, los ecos melodiosos de unas voces joviales cantando delirios antiguos de Juan del Encina…

más vale trocar

amor por dolores

que estar sin amores…

Poesía de los siglos de oro

Poesía de los siglos de oro

Para saber más sobre Juan del Encina, haz click aquí.

Empieza a leer Poesía de los siglos de oro haciendo click aquí.

Escucha a Juan del Encina: aquí.

Marian Montesdeoca

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *