0 COMMENTS
Pda.-Chejov

Chéjov: lúcida visión de lo cotidiano

Antón Chéjov [1860-1904] empezó a publicar cuentos cortos a los veinte años de edad, relatos de quince líneas por los que le pagaban cinco kopecs en las revistas moscovitas de la época, un dinero que le servía para intentar paliar en algo las penurias de su familia. A lo largo de su vida, truncada por la tuberculosis a los 44 años, Chéjov escribió centenares de cuentos de variado carácter en los que la profundización en la condición humana, partiendo de situaciones y personajes cotidianos, es tan extraordinaria que prácticamente no tiene parangón en la historia de la literatura.

Chejov joven

Penguin Clásicos nos ofrece ahora una edición que contiene veinte de estas pequeñas joyas, seleccionadas por el Premio Pulitzer Richard Ford [1944], quien también firma un magnífico prólogo del que reproducimos a continuación un fragmento absolutamente clarificador de la universalidad atemporal de la obra del gran escritor ruso.

«La razón por la que nos gusta tanto Chéjov, ahora al final de nuestro siglo, es que sus relatos del fin de siglo anterior nos parecen muy modernos, se ajustan mucho a nuestro tiempo y a nuestra mentalidad. Sus meticulosas anatomías de los complejos impulsos y reacciones humanos, su concepción de lo que es gracioso y patético, su lúcida atención a la vida tal como es vivida…, todo ello se corresponde de algún modo con nuestra experiencia. Tenemos la impresión de que sus relatos podrían escribirse hoy en día, publicarse en The New Yorker, y leerse con placer y avidez por su perspicacia, sin modificaciones ni notas a pie de página para explicar la época o la procedencia extranjera. Para nosotros, tan fresca adecuación al presente no solo confirma la continuidad y redentora vitalidad del impulso literario, sino que a la vez nos garantiza que formamos parte de un continuo y que somos perdurables. Cómo nos sentimos en la actualidad por la muerte de una esposa, nuestra amante casada, nuestro abogado inepto, nuestras lealtades hacia nuestros parientes abandonados, por el modo abrumador en que la vida presenta tal abundancia de subjetividad y tal escasez de verdad objetivable; exactamente así se sentían los rusos de un tiempo ya lejano, y en el que al igual que ahora un relato se consideraba una respuesta salvadora. Chéjov hace que nos sintamos corroborados, indemnizados dentro de nuestra fragilidad humana, e incluso un tanto esperanzados respecto a nuestra capacidad para afrontar la vida, poner orden y encontrar claridad.

Chejov mayor

»Con Chéjov, compartimos la franqueza de la inalienable existencia de la vida; compartimos la convicción de hasta qué punto resultaría beneficioso que una mayor cantidad de sensación humana pudiera elevarse a un lenguaje claro y expresivo; compartimos la concepción de que la vida (en particular la vida con los demás) es una superficie bajo la cual debemos esforzarnos por construir un trasfondo convincente, a fin de que sea posible aferrarse a más cosas con menor desesperación, y compartimos una esperanzada intuición de que algo más de nosotros mismos —en especial esas partes que creemos que solo nosotros conocemos— puede ser susceptible de exponerse de manera clara y útil». [Richard Ford, 15 de julio de 1998]

Ulises Ramos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *