Cáustico Smollett

4 Posted by - junio 10, 2017 - Autores

Matthew Bramble, misántropo enfermo de gota, viaja por Gran Bretaña en compañía de sus sobrinos, su hermana solterona y Humphry Clinker, su fiel criado. Bramble ve el mundo como un lugar lleno de ruido y degeneración, poblado por borrachos, vagos y delincuentes. Por ello, La expedición de Humphry Clinker, construida a través de las cartas a seis personajes distintos, constituye una visión divertidísima y grotesca del reinado de Jorge III, el rey loco.

04 Humpry Clinker Smollet

Os dejamos una muestra del estilo sumamente cáustico de Tobias Smollett, en esta ocasión, describiendo con saña, desde su perspectiva conservadora y aristocrática, el ambiente neoburgués de la ciudad balneario de Bath:

«No hay nuevo rico que, ataviado a la última moda, no vaya a Bath a hacerse ver: agentes y comisionados de las Indias Orientales, cargados con el botín de las provincias que han saqueado; plantadores; negreros y comerciantes de las colonias amer4icanas; contratistas que se han enriquecido, en las dos guerras sucesivas, con la sangre de la nación; usureros; agentes de bolsa e intermediarios de todo tipo; hombres de extracción baja y sin educación, que se han encontrado nadando de pronto en una opulencia desconocida hasta ahora, por lo que no es raro que su espíritu esté embriagado de orgullo, vanidad y presunción. Como no conocen más criterio de grandeza que la ostentación, exhiben su riqueza sin gusto ni elegancia por los medios más extravagantes; y todos se apresuran a viajar a Bath, porque aquí, sin mayor cualificación, pueden mezclarse con los príncipes y nobles del país. Incluso las mujeres e hijas de los tenderos, que, como tiburones de dientes afilados, hacen presa en la grasa de esas torpes ballenas afortunadas, se han contagiado de la manía de exhibir su importancia, y la menor indisposición les sirve como excusa para pedir que las lleven a Bath, donde pueden bailar sus danzas campesinas entre lores, terratenientes, consejeros y clérigos. Esas delicadas criaturas […] no pueden respirar el aire grosero de la parte baja de la ciudad, ni se conforman con una vulgar casa de huéspedes; su marido, por tanto, debe buscarles una casa, o unos apartamentos elegantes en los nuevos edificios. De eso se compone la pretendida sociedad a la moda de Bath, donde una ínfima proporción de gente de alcurnia se pierde entre una turba de plebeyos impúdicos que no tienen juicio ni entendimiento, ni la menor noción de la decencia y el decoro, y a los que nada parece agradarles más que tener la oportunidad de insultar a quienes son mejores que ellos.

»El número de gente y de casas continúa creciendo; y así será hasta que la corriente que nutre ese irresistible torrente de locuras y extravagancias se agote o se canalice de otro modo mediante incidentes o sucesos que no me atrevo a pronosticar. Admito que soy incapaz de escribir sobre este asunto con un mínimo de ecuanimidad, pues la turba es un monstruo del que jamás me han gustado ni la cabeza, ni la cola, ni el cuerpo, ni los miembros, abomino enteramente de ella como de un amasijo de ignorancia, presunción, perversidad y brutalidad, y en esta reprobación incluyo, sin hacer distinciones de rango, condición ni cualidad, a todas aquellas personas, de ambos sexos, que adoptan sus modales y frecuentan su sociedad.»

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