Advertencia de Dostoievski

3 Posted by - julio 1, 2017 - Autores, Empieza a leer

LOS HERMANOS KARAMÁZOV: ADVERTENCIA DEL AUTOR

«Al empezar a describir la vida de mi héroe, Alexei Fiódorovich Karamázov, me siento un tanto perplejo. Me explicaré: aunque lo llamo héroe, sé muy bien que se trata de una persona sin grandeza alguna, razón por la cual preveo inevitables preguntas por el estilo de ¿qué tiene de notable su Alexei Fiódorovich para que usted lo haya elegido como héroe? ¿Por qué yo, lector, debo perder el tiempo en el estudio de los acontecimientos de su vida?

»La última pregunta es la más fatídica, pues a ella sólo puedo contestar: “Acaso lo vea si lee la novela.” Mas ¿y si la lee y no lo advierte, si no acepta que mi Alexei Fiódorovich es una persona notable? Hablo así porque, con dolor de corazón, lo preveo. Para mí es notable, pero dudo mucho que sepa demostrarlo al lector. La cuestión estriba en que acaso se trate de una personalidad, pero es una personalidad no definida, no manifestada claramente. Por lo demás, sería extraño exigir de la gente claridad en un tiempo como el nuestro. Una cosa, acaso, es indudable: se trata de una persona rara, incluso extravagante. Pero la rareza y la extravagancia más bien perjudican que dan derecho a que se preste atención, en particular cuando todos aspiran a unir las particularidades y encontrar algo común en el universal desbarajuste. Y el extravagante, en la mayoría de los casos es una particularidad, es singularización. ¿No es cierto?

»Si ustedes no aceptan esta última tesis y replican: “No es así”, o “no siempre es así”, me reafirmaré en cuanto a la significación de mi héroe, de Alexei Fiódorovich. Porque no sólo el extravagante “no es siempre” particularidad y singularización, sino que, al contrario, suele ocurrir que a veces lleva en sí la médula del todo, mientras que las restantes personas de su época, todas, impulsadas por una ráfaga de viento, se apartaron por algún tiempo de él…

»Por lo demás, no me adentraría en estas explicaciones, muy poco interesantes y confusas, y empezaría simplemente, sin preámbulo alguno: si gusta, de todas las maneras lo leerán; pero lo malo es que dispongo de una vida para describir, mientras que las novelas son dos. La novela principal, la segunda, se refiere a las actividades de mi héroe ya en nuestro tiempo, en el momento actual que ahora vivimos. Y la primera transcurrió hace ya treinta años y casi no es siquiera una novela, sino que se trata sólo de un momento de la primera juventud de mi héroe. Prescindir de esta primera novela me es imposible, porque entonces resultaría incomprensible mucho de lo que ocurre en la segunda. Pero, de este modo, aún se complica más mi dificultad inicial: si yo, es decir, el propio biógrafo, encuentro que un héroe tan modesto e indefinido no es bastante para ocupar una novela, ¿cómo presentarme con dos y cómo explicar esta insolencia mía?

»Perdido en la solución de estos problemas, me decido a prescindir de ellos sin darles solución alguna. Claro que el lector perspicaz ya había adivinado que era eso lo único que yo buscaba, y únicamente me reprochará que gasto en balde palabras estériles y un tiempo precioso. A esto contestaré con precisión: he gastado palabras estériles y un tiempo precioso, primero, por cortesía, y, segundo, por astucia: después de todo, podré decir: ya lo había advertido. Por lo demás, yo mismo celebro que mi novela se haya escindido por sí misma en dos relatos “conservando la unidad esencial del todo”: una vez haya conocido el primero, el propio lector decidirá si merece la pena continuar con el segundo. Claro que nadie está obligado a nada, puede cerrar el libro a las dos páginas del primer relato y no volverlo a abrir. Pero hay lectores tan bien educados, que forzosamente quieren leer hasta el fin para no equivocarse en su juicio desapasionado; así son, por ejemplo, todos los críticos rusos. Pues bien, ante esos lectores uno se siente más tranquilo: a pesar de toda su escrupulosidad y buena voluntad, les doy el pretexto más legítimo para abandonar el relato en el primer episodio de la novela. Y eso es todo el prefacio. Estoy completamente de acuerdo en que sobra, pero como ya está escrito, ahí queda.

»Y ahora, manos a la obra.»

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